A historia do ghato metido nun saco, acontecida en Aldán segundo conta “El Pais” é a que aparece a continuación.
Pero sequeredes unha versión máis cercana. Contactei cun familiar do artista que inventou a canción e aquí teño a súa versión verdadeira, actualizada, corroborada e comentada.
A verdadeira letra e historia do gato metido nun saco

Poño primeiro a letra máis popular, a que todos coñecen e a historia que atopei en varios medios de comunicación, cantalo é cousa vosa.

Xuntáronse catro un día,
os millores deste barrio,
mataron un gato a tiros
e o meteron nun saco.
Vai o gato metido nun saco,
vai o gato prá terra da Laxe;
vai o gato metido nun saco,
ai, gatiño! xa non volve máis.
Que mal lles parecería
a calquera deses catro,
que os meteran nun saco
como meteron o gato.
Vai o gato…
Aquel gato era un artista,
traballaba na ribeira,
agora é un bañista
na praia da Castiñeira
Vai o gato…
Artigo publicado no país
Era gris, marrón y negro y, últimamente, en otoño de 1956, estaba bastante feo porque se le caía el pelo. Lo llamaban Artista, por su maña para colarse dentro de una casa, la de Pepe Hermelo, O Pequeno, y María Domínguez, donde sabía que tenía asegurada la leche porque había niños. La verdadera historia del gato de la canción que popularizó el grupo A Roda acaeció en Vilariño, una localidad de la parroquia de O Hío, en Cangas, que entonces rondaba los cien habitantes y en los últimos años no ha parado de crecer.
La casa en cuestión estaba en el lugar de A Lontreira, y el felino terminó convirtiéndose en una pesadilla para la familia. Había un recién nacido y el animal, en pleno noviembre, descubrió lo caliente que podía dormir en aquella cuna. Hoy, el bebé es un hombre casado que trabaja en la refinería de A Coruña, se llama Chema Hermelo y vuelve junto a su madre, a esa casa donde le tendieron la trampa al gato, siempre que tiene días libres.
Artista empezó entrando por un agujero que había en la puerta, pero cuando se lo taparon siguió colándose por el cristal roto de una ventana. Después, repuesto el cristal, descubrió un acceso por la cubierta, una determinada disposición de las tejas que se llama bufarda y permite que salga el humo de la lareira. El matrimonio cerró también aquel hueco, pero el gato siguió entrando a diario. “Había una vecina aquí que había sido institutriz de Franco en Ferrol”, recuerda María Domínguez, “y siempre nos decía que teníamos que zafarnos del animal porque le iba a pegar algo al niño”. Nadie sabe precisar si lo que tenía el gato era sarna, tiña o cualquier otra cosa, pero lo que está claro es que “tenía una enfermedad, porque se le caía el pelo”, sigue contando el hijo de María.
Así que un buen día O Pequeno consiguió agarrar al gato, lo metió en un saco y se fue a buscar a sus amigos, algunas versiones dicen que a la taberna de José de Sara, con la intención de llevárselo a Terra da Laxe, un lugar a unos ocho kilómetros donde está la playa de Castiñeiras. En realidad, en Cangas este topónimo se pronuncia sin la e final, “Terra da Lax”, y así resulta inconfundible, pero los de A Roda lo cantaron siempre como A Laxe. Aquí radica el primero de los equívocos de la tonada: la historia parece desarrollarse en Vigo, porque existe un lugar de A Ribeira que se llama así. El grupo vigués modificó un tanto la letra, y el gato, que en la versión original fue cogido “a tiro” y metido en el saco, en su forma más famosa fue muerto “a tiros”, en alusión a un hombre que al parecer mataron en el puerto de Vigo y que se apodaba O Gato.
Lo que sí coincide con la versión primigenia, escrita por otro de Vilariño, Manuel da Ponte, es lo de que fueron cuatro vecinos los que se llevaron el gato en el saco. “Os mellores deste barrio” eran, además de José O Pequeno, Pepe Pichita, Lito Charrúa y Fin. Pero sucedió que era el tiempo en el que se abren los barriles, y los amigos, una vez suelto el gato vivo en Castiñeiras, decidieron ir a probar el vino nuevo siguiendo la ruta de los furanchos. Y debe de ser que se recrearon en la cata del loureiro, que aquí se llama espadeiro, porque, según casi todas las versiones, al cabo de las horas, cuando volvieron a Vilariño el gato pelón estaba de vuelta. No obstante, María, la única protagonista viva de esta historia, asegura que “el animal tardó ocho días” en regresar. Entonces, en una nueva encerrona doméstica, Artista cayó de nuevo en el saco. Y al fin, según la canción de Manuel da Ponte (gran compositor de éxitos populares que ahora versionan grupos como Quempallou y A Tuna Rastafari), el gato terminó en la misma playa hecho “un bañista”.
Los fans de Da Ponte, que en Galicia, y sobre todo en la ría de Vigo, no son pocos, aseguran que él era uno de los amigos convocados por O Pequeno para alejar de Vilariño al gato. Luego, no se sabe si porque llegó tarde o porque sus amigos se presentaron muy temprano, quedó atrás, y esa tarde, en la taberna, compuso la letra y la música para devolverles la jugarreta. A la vuelta, dice la leyenda, los cuatro fueron recibidos con la canción por los de la tasca.
Hay quien dice que los amigos esperaron a ver cómo se hundía la bolsa en el mar para asegurarse de que el felino emprendía una singladura sin retorno, pero María niega de principio a fin esta segunda excursión. Según la esposa de O Pequeno, ella misma y su marido se encargaron de deshacerse del gato, sin intervención de terceros aficionados al blanco de O Morrazo. “Cogimos al gato, lo metimos en una alforja del burro y pusimos una piedra en la otra para compensar el peso”, detalla, “luego, nos fuimos con el perro hasta Limens y allí lo soltamos”. El can, al ver al gato, se puso a ladrarle, y éste escapó. “Trepó por un pino arriba y allí se quedó”. Al fin, no se volvió a tener noticia de Artista.